Sanción no es forzosamente un sinónimo de castigo. Sanción es aquello que ha sido consignado en la ley. La sanción expresa lo que es sagrado. La palabra proviene del latin
sanctio, de
sancire (consagrar, sancionar), es un verbo que significa volver algo sagrado o inviolable, consignar un precepto o un deber en una ley. Sancionar significa asentar en ley, aceptar un mandato o aprobar algo en virtud de que resulta santo, bueno o apropiado en observancia de un precepto divino. De la misma familia (raíz indoeuropea
sak) son las palabras sacrificio, sacrilegio, sacro, sacramento, sacerdote, sagrado y sacristán. La raíz indoeuropea
sak se refiere a la cercanía de lo humano con la divinidad, al cumplimiento de leyes, normas y preceptos que la divinidad ha enseñado o inculca a sus fieles, la idea de fidelidad y respeto, credo y mandato o ley superior al ser humano. En esta raíz hay también un dejo de advertencia, coacción, amonestación, consejo, sermón, instrucción, secreto, misterio, autoridad y castigo. Más que castigo, sanción puede significar aprobación o desaprobación en relación con alguna regla, de donde se espera cierta consecuencia: recibir recompensas o castigos: la palabra santo (del latín
sanctus) es un adjetivo que significa perfecto y libre de toda culpa, es decir: que no merece castigo. Santo, santificado y sancionado tienen su origen en el mismo participio futuro de latín
sanctum (que habrá de ser observado, respetado, adorado y cumplido).
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